jueves, 1 de septiembre de 2011

La Ultima Noche De Navidad

Una noche común y corriente en el planeta, mientras la mayoría de sus habitantes duermen, de éntrelas entrañas de la tierra brota un ser, un monstruo demasiado antiguo para que su nombre se encuentre escritos en las memorias de alguna tribu o civilización. Un monstruo casi tan viejo como la historia de la humanidad. Su cuerpo es parte humano, parte vampiro, parte mutación y parte Dios. Tiene 6 piernas y 6 brazos; 12 extremidades en total, el tronco de su cuerpo es de humano, su cara es una mezcla de belleza y deformaciones que nunca nadie podrá calificar como bello u horripilante, es calvo y en la punta de cada una de sus extremidades sin dedo tiene unos medianos orificios por donde lanza un tipo de lazo pegajoso y fuerte, y ah!, Si!, Lo olvidaba, tiene  cola. A pesar de sus años es un completo ingenuo, cree demasiado en la brujería y cualquier cosa que se salga de lo normal lo califica como tal, como brujería, vive enamorado de la luna y la declara su Diosa omnipotente quien le ayuda siempre que se encuentra en aprietos, al igual cree q las estrellas tienen vida  e imagina el cielo como un gran mar por el q la luna y las estrellas se trasladan lentamente cada noche. Ahora les enseñare lo que ocurrió hace apenas unas navidades atrás. Hacia muchos siglos que aquel monstruo no salía alimentarte, y al volver a ver el planeta y los cambios en él…. juzguen ustedes sus diferentes reacciones, como cuando confunde los bombillos con estrellas encarceladas por medio de brujería... Para que sea equilibrado y justo le dejo la versión del victimario (el monstruo) y la víctima.


Desperté a la orilla de un camino hermoso y plano, creí que los romanos habían llegado a su máxima potencia, que se habían perfeccionado tanto hasta hacerme tener en frente ese negro y liso camino. Intente levantarme, pero me sentí aturdido, tenía las piernas apretadas y el estómago por completo vacío, entonces, mi cuerpo se fue hacia atrás y mis ojos quedaron abierto frente al oscuro cielo y millares de estrellitas resplandecientes, la luna suave, blanca y radiante como siempre, ella no había cambiado, seguía siendo mi luna, mi amada luna… Y volvió el amor a mí, un par de lágrimas salieron de mis ojos y sentí que la había extrañado tanto, pero algo interrumpió mi delirio, era mi estómago, grujía, me encontraba hambriento. Mi cuerpo se enderezo y con unas pocas paladas me encontré liberado de aquella tierra q sujetaba mis piernas. Hambre, comida. La luna se esfumo, las estrellas se apagaron y en mi mente solo el deseo de comer, años tras años sin comer. El aire de la noche siempre juguetón me trajo un delicioso olor, y cuando mi mente se aclaró, mis ojos lograron ver a lo lejos un resplandor. -¡Es una estrella!- Me dije con exaltación - una gran estrella perdida en el planeta y, ahí hay comida!-. Hambre, comida. Y ahora como antes la emoción me dio fuerzas, mis seis piernas me alzaron, levante la cabeza y empecé a correr, corrí, corrí hasta que llegue a la estrella, ¡Oh! ¡Engaño cruel!, ¡¿quieren había sido el infame, el desvergonzado, aquel  que había robado la luz a las estrellas?!, les había encerrado en extraños recipientes trasparentes. -¡brujo! ¡brujo¡- gritaba en mi mente mientras las estrellas encarceladas quemaban mis ojos, y mis oídos se destaparon, cantos extraños brotando de muchas boca e instrumentos finísimos que daban sonidos nuevos para mí, no soporte, era incapaz de ver en aquella oscuridad de luz, los cantos y los instrumentos aturdían mi cabeza, entonces corrí huyendo de esa luz enceguecedora y esos sonidos que me dolían. Pero tuve que volver, el dulce aroma traído por el viento me golpeaba la nariz, se metía hasta mis pulmones y me volvía loco el estómago.
De nuevo mis seis patas me levantaron y salte por los tejados, un humano me vio y grito, y antes de que este llevara sus piernas a correr su cabeza fue mía, comí! Y de nuevo como en muchas otras ocasiones, igual que unos miles de años atrás, no me espere a que el pánico se apoderara de mi comida, y uno tras otro los fui devorando, por fin! Me sentía satisfecho, mi hambre había sido calmada, ahora saboreaba mejor cada bocado y de inmediato me di cuenta que aquel pueblo que antes había confundido con una gran estrella, era muy pequeño. Entre a las casa, los cantos se convirtieron en gritos, pero los instrumentos no paraban, seguían su mismo ritmo, busque en cada rincón y devore a los que en ellos se escondida. Y…. una chiquilla…. blandita, suave y blanca como mi amada luna, me miro. Su madre ya se hacía a sus pies con la cabeza abierta, me la había chupado y solo quedaba el pellejo. Vi a la madre muerta y a la hija viva, en sus brazos un extraño juguete que me llamo la atención, era blandito como ella, colorido como los vestidos de un emperador, pero la niña era más hermosa, quise ponerla en el cielo junto a la luna, que las dos iluminaran las noches de este, su servidor.


 Intente tener entre mis brazos aquel juguete, examinarlo de cerca, pero mi bella niña corrió, se ocultó tras un sillón y de repente alguien salto sobre mí y clavo una punta en uno de mis ojos. -¡Amadas estrellas, amadas estrellas!- pedí ayuda en mi momento de desesperación, pero no hubo necesidad de que ellas vinieran ayudarme, que salieran de aquellas carcelitas trasparentes para salvarme. Una de mis patas derechas atravesó al hombre, que luego de sacar sangre por la boca me miro con horror, quiso decir algo, pero nada salió, y mi hermosa niña lloro. Corrió a esconderse tras un sillón y luego tras otro y otro más. -¡¿Porque huyes de mí?!- Gritaba mi corazón mientras mis brazos tiraban sillones, sillas y todos los muebles al techo, mis lazos los amarro  y salte entre ellos con el cuerpo de aquel malhechor aun atravesado en mi pierna bañada por su sangre. Perseguí a quien de seguro era hija de la luna y el sol. Por ella habían encarcelado a mis estrellas, entonces comprendí todo, su belleza merecía ser adornada como lo estaba mi amada luna.


Quería verla de cerca cuando empezó a nevar. Mi hermosa niña quedo parada mirando hacia el techo, me miraba los ojos, y yo la miraba, miraba su belleza. ¿Y si las estrellas tenían celo?, igual como lo habían tenido con la luna cuando se la llevaron tan lejos. Entonces no quise confiarme, ser descuidado, no dejaría que se la llevaran al cielo. Mi ojo derecho empezó  a moverse de un lado a otro hasta que encontró calma en el camino y las casas del otro lado, en cualquier momento las estrellas escaparían de su encierro, de seguro estaban furiosas porque me quería llevar a su niña y, cuando más descuidado estuviera, más entretenido con aquella belleza; me atacarían. Así que mi ojo no se movió de ahí. Y mi ojo izquierdo observaba a la suave y blanca niña, me di vuelta para verla mejor y ella también se volteo, empezó a danzar, -¡que linda mi niña danzando!- Y quise estar liviano para danzar con ella, así que con uno de mis brazos partí por la mitad al hombre que me hacía peso, pero el cuerpo no salió, estaba agregado a mí como si ahora quisiera ser uno de mis miembros. Y, el cansancio me obligo a clavar todas mis patas en el techo, mis piernas y brazos clavados en el techo, vi como caía nieve dentro de la casa, y, atreves del agujerado techo se miraba brillante mi amada que iluminaba la cara de la bella niña. Voltee a verla y la sangre de mi muerto la alimentaba, me quede perplejo, en esa pequeña boca que ahora era roja, la sangre de mi muerto se deslizaba para alcanzar su garganta. Siguió y siguió danzando dejándome enamorado, cuando de pronto soltó a correr!, y mi ira despertó, - ¡¿por qué escapar?! ¡¿escapar de mí?!-, ¿acaso no sabía esa pequeña ninfa que no podía huir?, no, no lo sabía. ¡Tire de mis lazos y los muebles le cayeron encima! ¡La atravesé con mi pierna y la atraje asía a mí! -¡¿Por qué huir!? ¡Huir de mí, hermosa niña!- Y de un nuevo tirón la colgué en la pare como un hermoso adorno. Empezó a  sangrar. Dulce, dulce, dulce sangre! Me sentí feliiiiz, a pesar del molesto cuerpo que colgaba en pedazos en una de mis piernas y uno de mis brazos.



Intente danzar con el cuerpo desmayado de mi pequeña, pero la pared me apretaba el brazo y entre tanto movimiento sus negros ojos se abrieron, tal belleza se despejo ante mí como lo hacía la luna y las estrellas noche tras noche de verano, y volvieron a cerrarse, se me apago mi luna y mis estrellas, pero los fríos copos de nieves me las devolvían, hacía que ellas brillaran de nuevo para mí, que sus ojos volvieran abrirse. Y así una y otras ves mientras me extasiaba de felicidad, pero mi hermosa niña se pudrió, igual como había pasado con mis padres cuando quise salvarles, así mismo de su pecho y vientre empezaban a brotar mis hijos, blancos y suaves como la luna, pero brillantes como los humanos cuando los cocinan en aceite.


Por último fue mi dolor y el último copo de nieve que utilice para abrir aquella profundidad divina que eran sus ojos, su carita se humedeció, abrió sus ojos y no me miro. -¡luna y estrellas celosas! ¿Por qué no miraban a este pobre, su servidor?- Pues entonces yo bebería lo que quedaba de su sangre y la herviría como hervía la mía de ira. Un tizón fue el que apago para siempre sus ojos… murió mi hermosa niña y del quemón del tizón broto tibia sangre rojita. Llore y llore cuando su cara se deformo, su belleza se esfumo y disolvió en el gran apetito de mis pequeños. Y, de nuevo, como antes lo había hecho, los devore, ¡me los comí por traidores!, por matar a mi linda luna.

FIN

Con sus largas patas camino por el techo agujerado mientras yo daba vueltas sobre el eje de mi cuerpo, así no perdería de vista sus ojos cristalinos y brillantes, dirigidos a la calle, posados en cada copo de nieve cayendo suavemente sobre el pavimento y los tejados de las casas. De su mano derecha goteaba oscura sangre q caía sobre mi cabeza y se deslizaba por mi frente. Recibí algunas rojas gotas con mi boca abierta de asombro y miedo…. mirando hacia el techo.

Su ojo derecho se posó en la calle y jamás dejo escapar la vista de ella como si algo lo estuviese amenazando y pudiera venir atacarlo, mientras su ojo izquierdo me seguía y vigilaba, era como bailar… “seguirle el compás al ojo” me dije para tranquilizarme y de cierto modo sentirme segura. Continuaba contemplándome con su oscura mirada y de repente solté a correr, entonces los muebles que colgaban del techo me cayeron en sima y una de esas largas patas se clavó en mi pecho, me levanto y se clavó de nuevo en una de las paredes mi sangre se deslizo por la punta que me traspaso y empezó a gotear en la pared, luego solo fue dolor que hizo que me desmayara, varias veces, pero él me ponía frías bolas de nieve en la cara para que abriera mis ojos mientras me volvía a desmayar a causa del dolor y el terror.

Aun las luces de navidad brillaban y cantaban sobre el árbol, cuando pude contemplar aquel cuadro como si aún estuviera cantando villancicos con mi familia. Abrí mis ojos por última vez, no quise que mi mirada cayera en su cara y  agache la vista, pero fue peor; tres gusanos blancos brotaban de mis entrañas y se revolcaban en mí, o lo que quedaba de mí, no sé cómo sobreviví tanto tiempo aunque en realidad no tenía noción de este. Al fin y por último puso un caliente tizón en mi cuello y apago mi vida.

FIN.


Retratos y recuerdos de una vida pasada.



Con dedicatoria a: Ragamuffin Kualkiera, un angel un poco diferente .


Fotografía/Modelo: Tatu Peralta.



Inspirado en: La existencia, Louis De Pointe Du Lac y Ragamuffin Kualkiera.


Agradecimientos a: Gabriel Meza Barbosa